
Ya sabes que me suelo aplicar el piropo de que soy una gandula organizada. Pues aquí no podía ser menos. La plancha de asar la coloco sobre la encimera, sobre una tabla de madera grande y cubierta de papel de aluminio, y, de pie (me las ingenio para ello), unas láminas de papel de aluminio, rodeando la plancha. Una vez terminado el asado retiro las láminas y "tachán" aquí no ha pasado nada.
En el plato terminado puedes apreciar que en el centro hay unas finas láminas de batata, doradas en otra tanda, ¡para chuparse los dedos!
Lo ideal es limpiar la plancha con servilletas de papel, en ningún caso usar estropajos "agresivos". Si lo que vas a asar son filetitos de solomillo por ejemplo, solo tienes que espolvorear la plancha con sal fina y, sin nada de aceite, dorar los filetes. ¡De pecado mortal!
También hago a la plancha unas brochetas. Otro truco, antes de montar las mismas doro muy ligeramente aquellos ingredientes que son un poco duros, que sé que van a tardar más, y una vez dorados monto todos en la brocheta, los crudos, crudos y los medio dorados. Aquí también vale el truco de la sal.
No me importaría comer así la verduras diariamente. De hecho lo hago en numerosas ocasiones, en la última tanda añado unos delgados filetes de pavo, unos solomillos de pollo o unos lomos de salmón fresco y el resultado lo saboreo como si fuera manjar de dioses.
Ni que decir tiene que las verduras deben ser frescas, cortadas finitas y que a la plancha le pongo un hilo de aceite de oliva virgen extra cuando no quiero usar la sal protectora.
Voy retirando las verduras a medida que una vez dada la vuelta las veo doradas. Utilizo unas pinzas con la puntas de silicona, pero también puedes hacerse con dos sencillos tenedores.
Una vez en el plato les añado unas gotas de vinagre de Módena.
Hoy no hay receta, pero tampoco me he portado mal, algún truquillo te he dado ¿o no?.
Hoy no hay receta, pero tampoco me he portado mal, algún truquillo te he dado ¿o no?.













































